Los jesuitas: “El buen cristiano padre de la doctrina…”influencia y representación ilustrada en las recomendaciones de la carta escrita por Felipe Guaman Poma de Ayala.

Por Alejandra Merino Villegas

El padre jesuita de la orden católica religiosa, la compañía de Jesús, del siglo XVII es descrito por Felipe Guaman Poma de Ayala como un hombre misericordioso y santo. El cual, además, da sus riquezas a los pobres, comida  a los enfermos, huérfanos y viejos. Ofrenda su sermón y tanto, indios, monjas como monjes se inclinan ante él (636-652,74). La exposición grandilocuente a favor de los padres de la compañía de Jesús se conectan a la influencia de los jesuitas tuvieron en la obra de la “Nueva Corónica y buen gobierno” de Felipe Guaman Poma de Ayala. En 1565 Felipe II decreta la publicación oficial de las determinaciones del concilio de Trento por todo Perú. Guaman Poma educado por su hermanastro, un sacerdote que lo predispone a mantenerse afín a las cuestiones de la iglesia, tiene la oportunidad de escuchar las leyes tridentinas expuestas desde el pulpito. Estas leyes se relacionan con la enseñanza de la fe mediante textos visuales y con los jesuitas que en ese momento estaban a favor de la oposición que tenía la iglesia católica en contra de los protestantes y fomentaban la enseñanza visual (López Baralt, 1979; 82). Si Guaman Poma conocía el concilio de Trento y estaba relacionado de manera cerca con la iglesia no es de extrañarse que destaque a los jesuitas en su libro. Por otra parte, los jesuitas tenían códigos relacionados a la pureza de sangre (Coello de la Rosa 2008:38-39),  los cuales mantenían un rechazo a criollos y mestizos, dentro de su orden del mismo modo que Guaman Poma impugna la presencia de criollos-indios, criollos-negros y criollos-mestizos en las comunidades de indios y españoles (Guaman Poma, 133-251, 411-413).

El concilio Trento

El concilio de Trento fue una reunión de los principales representantes de la iglesia católica en Europa con el fin de presentar temas eclesiásticos y responder a la reforma. Las primeras celebraciones del concilio se llevaron a cabo durante 1545-1563, en 1567 se realiza un concilio Limense con el fin de promulgar la política de Trento (López Baralt, 81). El concilio de Trento regido por una serie de sesiones donde se da explicación de cómo se debe adoctrinar o convertir a los no católicos al catolicismo declara el 2 de  diciembre de 1563 el decreto de la sesión XXV que cambia el avistamiento de la pintura en Perú. Esta sesión consiste en mantener las imágenes de los santos, la virgen y las de cristo en los altares “porque el honor redunda en la cosa que representa” en otras palabras al mantenerse un símbolo representativo de la fe aquel que lo vea aprenderá de este, de igual forma en esta sesión se le requiere a los obispos que ensenen a través de historias representadas en las pinturas: “se instruye y confirma al pueblo recordándoles los artículos de fe (XLII)”. La influencia de esta declaración parece ser tomada por Guaman Poma quien a modo de dar una enseñanza elabora imágenes parecidas a la de las pinturas eclesiásticas. En el libro de” Guaman Poma de Ayala The Colonial Art of an Andean Author” por Maarten van de Gutche, Mercedes López- Baralt y John V. Murra, los autores capturan la igualdad entre las pinturas de las iglesias y las imágenes de Guaman Poma por ejemplo en la crónica 2 aparece la trinidad representada en una imagen donde se corona a la virgen la cual se compara con The Coronation of the Virgin de la segunda mitad del siglo XVII.

Otras órdenes religiosas católicas

La extirpación de idolatrías en Perú durante el siglo XVII fue presidida por distintas órdenes religiosas jesuitas, franciscanos, dominicos, agustinos, entre otras. Sin embargo, estas órdenes no llegaron a todo Perú y la mayoría de ellas se concentraron en Lima por lo cual se hace presente una falta de eficacia a la hora de trasformar a los indígenas a la fe católica. Mientras que en la zona andina algunas de las ordenes que ayudaban con la extirpación de idolatrías  ocasionaron el destrozo de símbolos, ídolos, tejidos y otros elementos utilizados en la adoración de deidades originarias (Gareis 2007). En contraste, los indígenas aunque acusados muchas veces de idolatría lograron escapar de los ojos de los españoles por medio del enmascaramiento, es decir que a través de la práctica de la religión católica frente a los españoles pudieron seguir practicando sus ceremonias. Detrás de la fuerte necesidad de convertir al indígena en católico, se expuso la poca probabilidad de una eliminación de la idolatría o una conversión real del indígena por parte de las órdenes seculares españolas aunque estas estuvieron presentes desde 1532. Los dominicos, los mercedarios, seculares, franciscanos, agustinos (1550) y jesuitas (1569), por otra parte,  en un inicio cada orden tomaban resoluciones autónomas y a veces cada fraile o misionero imponía su propia manera de evangelizar (Estenssoro 2001). Por consiguiente y de acuerdo a las referencias anteriores Guaman Poma pudo tener cierta preferencia por algunas órdenes más que por otras, de ahí parte su manera tan significativa de representar a los sacerdotes, frailes y misioneros de las distintas órdenes.

Representación ilustrada: Los jesuitas, franciscanos y el fraile Agustino, Dominico y fraile mercedario de Morúa como “…reverendos…tan barbaros y coléricos…”

Antes de examinar las imágenes de Guaman Poma de la orden jesuita y la orden franciscana es importante hablar de la relación que Mercedes López Baralt hace entre los jesuitas, Felipe II y Guaman Poma en sus artículos “La iconografzia de vicios y virtudes en el arte de reinar de Guaman poma de Ayala: emblemática política al servicio de una tipología cultural americana” y “La contrarreforma y el arte de Guaman Poma: Notas sobre una política visual”. La autora especifica que la contrarreforma parte de los jesuitas y la viabilidad que Felipe II les otorga para ir a Perú en 1568 después de que la orden se formó para la extirpación de herejes. Felipe II reconoce que la contrarreforma está bien sujeta por los jesuitas, es decir que tienen la capacidad de convertir a los indígenas. En el mismo contexto Guaman Poma dedica su obra a Felipe II y López Baralt argumenta que Guaman Poma sabía de la afición de Felipe II por la pintura, por lo cual su libro está lleno de representaciones visuales asociadas al concilio Trento y a la contrarreforma jesuita: Las imágenes del Padre/ los padres de la compañía de Jesús muestran dos figuras en las cuales hay un hombre con rosario en mano, en la primera imagen el padre tiene en la mano izquierda unos  amuletos con una insignia que parece la cruz, en la segunda imagen el mismo sacerdote, ahora con el rosario en la mano izquierda está recibiendo una gallina de un indio. En esta última imagen aparece un fraile al lado de lo que parece ser Jesús. La vestimenta de estos sacerdotes de la misma manera que otros elementos de la imagen es crucial para entender las costumbres y los cargos a los que Guaman Poma hace referencia. Debido a que las descripciones de Guaman Poma a través de su escrito no tiene las características de una visualización  de todo el entorno de los participantes descritos (Adorno 1987: 104) Por ejemplo, en las dos imágenes el padre tiene un atuendo más elaborado, lleva un sombrero y una capa, mientras los indios de la imagen están vestidos con ropas muy típicas de la zona andina y finalmente el fraile y Jesús presentan austeridad en sus vestimentas. Que Jesús carezca de zapatos o un ropaje inmoderado aparenta, quizá, lo que Guaman Poma dice de la compañía de Jesús, ellos siguen la enseñanza de Jesús mediante la austeridad y la ayuda que brindan a los desamparados. Por el contrario, los frailes agustinos, dominicos y mercedarios de Morúa conforme a la exposición de Guaman Poma arrebatan de los pobres su plata y su comida, maltaran a los indios y obligan a las mujeres indias a realizar trabajos como hilar, tejer ropa, costales, sobrecamas. En las imágenes que presenta Guaman Poma, el fraile dominico y el fraile mercedario de Morúa están detrás de una mujer joven con un hijo y una mujer vieja maltratándolas para que terminen de hilar. En la imagen del fraile agustino, el fraile golpea a un hombre indígena para quitarle su vestimenta aunque esta es bastante austera. Guama Poma deja en claro el maltrato a los más desfavorecidos por parte de los frailes que buscan un beneficio material y propio. La ausencia de alguna referencia cristina como la cruz y el rosario destituye a estos frailes de la buena obra y seguimiento de lo que el concilio Trento y la contrarreforma impone. El rosario, por ejemplo, es un símbolo del valor espiritual, de humanidad y cristiandad (Adorno 1987: 115), es decir que la omisión de este elemento en los frailes no jesuitas convoca a la destrucción de los bienes de los indios.

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